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Masculinidades

Estudios de género

Políticas públicas

Masculinidades y políticas públicas

por Mauricio Daniel Montañez y Gimena Bertoni    Noviembre 2 de 2022

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*El presente artículo es resultado de las investigaciones desarrolladas en el proyecto Masculinidades anti-hegemónicas del Instituto Nacional de Formación Política, del que las autoras formas parte 

 

Hablar de masculinidades implica abordar un concepto que ha cobrado relevancia en el campo de los estudios de género desde los años ochenta, cuyo objeto de estudio no son solamente los hombres en cuanto al cuerpo sexuado, sino que se enfoca en las relaciones sociales y de poder que tienen lugar en los sujetos reconocidos como hombres.

La masculinidad es dinámica y se actualiza a lo largo de la vida, sin embargo, existe un modelo de masculinidad que se sitúa en el centro de la misma, definido por la especialista Raewyn Connell como masculinidad hegemónica [1].

Las características de esta masculinidad hegemónica se imponen como lo normal y de sentido común. Evidentemente no son alcanzables para todos, pero se convierten en modelos a seguir, desvalorizando cualquier otra forma de ser hombre y debiendo cumplir con los mandatos de autosuficiencia, fortaleza, atractivo físico, roles masculinos rígidos, heterosexualidad y homofobia, hipersexualidad, agresión y control que la masculinidad hegemónica requiere.

Esta imposición ha acarreado una serie de problemas en la calidad de vida de los hombres, en la relación con su entorno y por ende la generación de escenarios tendientes a la violencia y abuso de poder en la sociedad en general. Más recientemente y con base en este diagnóstico, diversos Estados han intervenido en el diseño y aplicación de políticas públicas con perspectiva de género, enfocadas en las masculinidades y las prácticas nocivas que se asocian a su ejercicio.

Por política pública podemos entender la acción gubernamental que moviliza recursos humanos, financieros e institucionales para resolver problemas públicos dentro de una sociedad. Estas políticas pueden incluir leyes, programas o proyectos, que contemplen la asignación de recursos o que regulen ciertas actividades, logrando los mejores resultados con los medios disponibles.

Así, para incorporar el enfoque de masculinidades en el diseño de políticas públicas se requiere realizar algunas acciones, como dejar de asumir que las políticas de género son sinónimo de políticas hacia las mujeres, y transitar hacia el objetivo de que los hombres se vean a sí mismos como parte del problema y la solución, ya que es natural que al estar en una posición de privilegio en un sistema de dominación masculina se presenten las resistencias al cambio.  

A lo largo del tiempo las políticas públicas han sido hombre-céntricas, es decir, desarrolladas por y para grupos específicos de hombres, y de esta forma se protegían sus privilegios. También han sido hombre-genéricas, tomando lo masculino como algo universal: han asumido que todos los hombres son iguales y, por ende, son los que poseen el poder. Los estudios de masculinidades han clarificado cómo es que los hombres son modelados por las estructuras sociales de género y cómo estas normas propias del género masculino y de poder jerárquico entre hombres hacen a muchos varones más vulnerables frente a otros. Igualmente, las políticas públicas han sido hombre-estáticas, asumiendo que el hombre no cambiará lo suficientemente rápido para marcar una diferencia en la sociedad. 

En este sentido, ¿cómo es que deberían ser las políticas sociales que incluyen a hombres y masculinidades? 

Especialistas en masculinidades han definido cuatro principios conceptuales para incorporar al hombre y las masculinidades en las políticas públicas.

1.- La necesidad de asegurar derechos.

2.- Basar las políticas en evidencia.

3.- Tratar al género como una categoría relacional y visibilizar las masculinidades en ella.

4.- Examinar la inequidad de género, a los hombres y las masculinidades a través del lente de la pobreza y la exclusión social.

En la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) de 1981 [2], se ha acordado que deben incluirse políticas de sustento y de reducción de la pobreza, políticas que traten sobre las disparidades en la salud de los hombres y políticas para terminar con la homofobia, que aseguren el respeto por la diversidad sexual. Políticas orientadas hacia transformar las masculinidades, supondrán un excelente abordaje integral para avanzar en la igualdad de género y para desarmar los mandatos hegemónicos y los privilegios de los hombres para acortar las desigualdades y la brecha de género.

Por ejemplo, medidas como las pretendidas en Perú, como la Ley de Fomento de Nuevas Masculinidades para la Igualdad de Género (2021) [3], establecen lineamientos y acciones específicas dirigidas a las instituciones públicas para el fomento de las nuevas masculinidades, desde el Ministerio de la Mujer, pasando por los Ministerios de Educación, Salud o Trabajo.

Junto a estos grupos de políticas, en los estudios de las masculinidades se identifican áreas de políticas específicas donde los hombres y las masculinidades pueden y deben ser incluidos.[4] Entre ellas se destacan las políticas educacionales, políticas de seguridad pública, políticas de derechos humanos, políticas de salud, de derechos sexuales y reproductivos, políticas de mitigación y prevención de la violencia basadas en razones de género, políticas sobre medios de sustento y reducción de la pobreza, así como políticas que involucren a los hombres como padres y proveedores de cuidados, incluyendo salud materna e infantil. Por ejemplo, la promoción de la salud y una fuerte campaña de educación sexual integral, desde la primera infancia, tendrían un gran impacto en el mediano plazo: el aprendizaje de los límites y del cuidado del propio cuerpo, la expresión de emociones, el respeto a los sentimientos y necesidades de lxs otrxs, además de la salud sexual y reproductiva. Cada una de éstas contribuye a transformar prácticas e ideas para avanzar en la igualdad de género y desarmar los roles rígidos.

Desde la izquierda es muy importante proponer políticas públicas orientadas a la prevención. Contamos con robustas políticas y legislaciones que abordan las violencias en todas sus formas cuando éstas ya se ejercieron. Es decir, tenemos herramientas para cuando las violencias ya pasaron, cuando alguien ya ha sido víctima. Es por ello que debemos trabajar más arduamente en políticas orientadas a la prevención que a la punición, con el objetivo de llegar antes y lograr tanto que los hombres no sean victimarios ni continuemos sumando víctimas e historias de abusos. Espacios educativos, de prevención y de atención para mujeres y hombres, campañas e intervenciones comunitarias, también pueden contribuir en la construcción de mayor igualdad de género. 

A sabiendas de que los hombres constituyen casi la mitad de la población mexicana, es urgente su participación en la transformación social y en el largo camino de la erradicación de la violencia machista hacia mujeres, personas de la diversidad, niñxs y adultxs mayores. Sabemos, además, que los hombres no sólo violentan a otras y otres: la violencia masculina, en todas sus variantes, es también ejercida hacia otros y hacia sí mismos. De manera transversal, los hombres deben ser considerados como actores relevantes, no sólo como constituyentes de problemas como el machismo ejercido derivado de la masculinidad hegemónica, sino como aliados en la reducción de sus consecuencias y las brechas de desigualdad que prevalecen.

Sensibilizar, capacitar y educar deben ser objetivos fundamentales al echar a andar políticas públicas referentes a las masculinidades, así como el promover la desarticulación de los mecanismos que favorecen la dominación y el control de los hombres en cada una de sus esferas.

La producción de políticas públicas en esta materia permite observar y solucionar desde otro enfoque el origen de muchas de las problemáticas nacionales como son la violencia, la desigualdad, la discriminación, el abuso de poder y la violación sistemática de derechos humanos a consecuencia del ejercicio de una masculinidad tóxica, hegemónica y violenta.

Notas

[1] Connell, Raewyn, Masculinidades, México, CIEG-UNAM, 2019

[2] CEDAW, Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, Nueva York, ONU, 1981. Disponible en https://bit.ly/3NthQZD

[3]
Esta ley puede consultarse en:

[4] Véase, por ejemplo, Silvana González Montoya, Incorporación de políticas públicas sobre masculinidades: retos, tensiones y contribuciones a la igualdad de género. El caso de la Secretaría de las Mujeres de Medellín, Colombia (Tesis de Maestría, FLACSO – Sede Argentina), Buenos Aires, 2020; así como Fundación CEPAIM (2022). Comparativa internacional en políticas de masculinidades, Madrid, Ministerio de Igualdad, 2022, el cual puede consultarse en

Otras referencias bibliográficas

– Aguayo, F., Sadler, M., Kejzer, B. de, Barker, G., Greene, M. E., Nascimento, M., Segundo, – – M., Perea, J. G. F., Lobo, J. F., Güida, C., Madrid, S., Duarte, K., Guajardo, G. & de Kejzer, B., Masculinidades y políticas públicas: involucrando hombres en la equidad de género, Universidad de Chile, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Antropología, 2011.

Barker, G. y Aguayo, F. (coords) (2011), Masculinidades y Políticas de Equidad de Género: Reflexiones a partir de la Encuesta IMAGES y una revisión de políticas en Brasil, Chile y México, Rio de Janeiro: Promundo, 2011.

– M. T. Álvarez, Manual de incidencia en políticas públicas. Alternativas y Capacidades, 2010.

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